Tal como vimos a principios de semestre, Scholz enciende la luz amarilla, al advertir como los medios de comunicación, hoy en día, se ahorran muchos costos, gracias a las nuevas tecnologías. El envío de mensajes de texto, la creación de foros de discusión, escritura de fan fics y cosas para el estilo, le permiten a los productores ahorrar mucho dinero y tiempo, y a la vez tener un especie de termómetro para conocer cómo sus producciones actúan sobre la audiencia.
Generalmente este tipo de programas, como lo es el caso expuesto en el texto, American Idol, son producciones que crean mucha fidelidad en torno a ellos, ya que exponen a la luz diversos talentos, que per sé, por su, en general, buena calidad, tendrán fans. Aún recuerdo que hablando de este mismo autor, en clases discutimos de que los fans son los más fieles, y que ellos no deben darse cuenta de que se está lucrando con ese amor que ellos entregan a su objeto de fanatismo.
Entonces, es claro que se están estableciendo cada vez más instancias donde los fans pueden participar, porque a todos nos combiene. El juego de ganar - ganar. Ellos están contentos porque tienen una cierta injerencia en el desarrollo de la historia de ese programa y los productores, ganan dinero con sus avisadores y mantienen a una audiencia fiel.
De esta forma, por el lado de las compañías que avisan en programas, se crea este concpeto expuesto por Jenkins, el de "Lovemarks", donde las marcas, no sólo permiten tener su imagen de lo bueno que son sus productos, sino que logran crear toda un "aura" alrededor de ella, que implica otros conceptos, quizás muy lejanos al producto como tal. Es el caso de Coca Cola, principal sponsor de American Idol, la cual se une a ideas como talento, vida deportiva, fama y cosas por la que la gente las termina prefiriendo. Se crean los llamados "insights" que los publicistas definen como ideas que tienen de las marcas y que están generalmente vinculadas a lo emocional.
Un fan de American Idol, evidentemente preferirá, Coca Cola en vez de Pepsi, ya que si ve un producto vinculado a su programa favorito, estará en primer lugar de opción de compra al momento de comprar.
Es por eso, que si bien, todo programa necesita auspiciadores para vivir, cuando una marca entra en el juego de programas de talento, por ejemplo, que provocan mucho fanatismo en la audiencia, se entra a jugar con algo que es delicado: el amor. Ese amor que un fan siente por los concursantes del show, por Ryan Seacrest, por Simon Cowell, etc.
Sería positivo, que tal como postula Jenkins, en otras obras, que si vamos a lucrar con este amor de fan, que sea de manera más delicada y si aumentamos nuestras arcas gracias a eso, entonces retribuyamos a los fans y demosle más espacio de participación y tomemoslos más en cuenta. Hagamos una línea de relación horizontal con aquellos que nos ven en casa, demosle real importancia.
Tengo la convicción que ya que la TV actual no lo está haciendo muy bien, el Internet y las futuras trasnmisiones televisivas por este medio, lograrán encontrar una formula donde todos realmente GANEMOS - GANEMOS.

Los consumidores ahora no son los manipulados, si no, sin darse cuenta son los manipuladores.
Que la publicidad ahora sea expresiva y afectiva, con esta nueva experiencia otorgada al consumidor, más cercana y con más “poder”, posibilita que los contenidos sean de acuerdo a los gustos de ellos mismos y no impuestos por los productores desde arriba. Como habla Henry Jenkins, la cultura de la convergencia, donde productores y consumidores están en una constante conversación para definir contenidos, se aplica también en el ámbito de la publicidad, donde no basta con imponer un productor para que este sea consumido por las personas. Es necesario entregar una experiencia, aquella experiencia afectiva que logrará la apropiación de lo que signifique lo consumido.
Esta nueva forma de experimentar la publicidad, tanto para quienes la producen como para quienes la reciben, provoca que uno de estos participantes de este juego comercial corra con cierta ventaja. Quienes la entregan están expuestos a que si no generan la experiencia afectiva necesaria, lo publicitado no sea efectivo. Y quienes están para recibir los elementos potenciales a consumir, tienen en sus manos las directrices que pueden o no tomar quienes están del otro lado, los del lado de la publicidad.
Si nos damos cuenta, y a diferencia de lo que puedan decir autores como Trevor Scholz, quien tiene la idea de que la tecnología es la que se aprovecha de los consumidores, somos nosotros, lo que recibimos los productos mediáticos quienes vamos teniendo cada vez más control sobre lo que se produce y se deja de producir. Y de esta misma forma, somo nosotros quienes estamos siendo cada vez menos influenciados y cada vez más influenciadores en cuanto a la publicidad que quieren poner entre nosotros y nuetro consumo mediático. Ya las personas dejaron de ser simples receptores para pasar a ser de lleno productores de contenidos y, al parecer, creativos de agencias publicitarias.
En esta nueva etapa, la de la convergencia, el panorama mediático se está moviendo, pero quien dirige cómo y en qué direcciones ya no son los productores—ni de medios ni de publicidad—si no aquellos receptores, que antes no tenían “poder”. Internet con sus posibilidades y herramientas los dejó con las armas necesarias para poder defenderse frente a eso que tanto critica T. Scholz: que sean usados por la Web 2.0.
La inocencia ya se acabó para los consumidores. Ahora TODO está, o podría estar, en sus manos, a sólo un click de distancia.

Según lo anterior y lo visto en clases y en el texto de H.Jenkins "Buying into American Idol", ¿qué le parece a ud. que la publicidad ahora sea expresiva y afectiva? ¿Se está manipulando a los consumidores? ¿o ellos ahora tienen herramientas para que se produzcan contenidos de acuerdo a lo que ellos les interesa?
Dé su opinión citando a autores vistos durante el semestre. Seguramente autores como Scholz, Shirky o el mismo Jenkins tendrían mucho que decir al respecto.

En este universo inevitablemente todo cambia, y los paradigmas comunicacionales no son la excepción. La televisión en estos últimos 20 años ha cambiado de formas inimaginables para los tiempos de mi madre, actualmente este medio de comunicación se está fusionando con el revolucionario medio virtual, el Internet.
El matrimonio entre la TV y el Internet está crenado graves problemas para los productores, como por ejemplo cómo crear contenidos masivos que lleguen a todos. Además el modelo más apropiado que se aplica en esta fusión es el desparramable, esto quiere decir que tienen que crear contenido, con capital emocional, capaz de ser modificado por los usuarios, y así que ellos también le agreguen más capital emocional y lo dispersen.
Como menciona Henry Jenkins en su texto “Convergence Culture”, la cultura participativa hace que los usuarios participen de los procesos de construcción de imaginarios al igual que los productores; y para esto todos los medios de comunicación (tecnologías) convergen para lograr un mismo objetivo. La tecnología nos cambia la forma de hacer las cosas y las audiencias también cambian, y para crear contenido desparramable hay que conocerlas a las dos.
El modelo desparramable es el más apto para este matrimonio, sin embargo es el que posee más riesgo, ya que es difícil de controlar la modificación del contenido, es por esto que nace uno de los problemas más grandes de este modelo: ¿cómo conseguir publicidad para un contenido que no se sabe dónde terminará?
Actualmente el mercado televisivo es financiado casi en su totalidad por publicidad, y a menos de que se cambie el modelo de negocio, cuando este modelo se masifique habrá un caos difícil de remediar. Qué empresa querrá arriesgar su marca a algo inestable, riesgoso y si hace mal con un posible fin trágico.
Sin embargo este modelo tiene un futuro prometedor, ya que va completamente acorde a los tiempos sociales que vivimos, de instantaneidad y participación. Probablemente vivan felices para siempre o tal vez llegue un nuevo medio de comunicación que los separe, pero dudo que sea en esta época, probablemente mis hijos hablen igual que yo de mi madre.

Actualmente el mundo no sólo de la televisión sino de las tecnologías en general está cambiando constantemente y día a día significa un desafío para los productores de contenidos. Sin embargo, dónde está realmente el reto para quienes deben generar un contenido atrayente, interesante y entretenido.
La tarea más importante es lograr integrar al público y, por supuesto, generar utilidades a través del contenido. El primer aspecto ya está siendo resuelto y con el tiempo las ténicas irán mejorando. El capital emocional es fundamental y el mensaje debe ser claro. Las redes (consideradas antes como audiencias) se deben adueñar del contenido y sentirse parte de él, para que el resultado final sea un buen contenido de Internet o de televisión. Considerando que se están desarrollando contenidos bajo el concepto de la Web 2.0.
Uno de los grandes defensores de la idea de la Web 2.0 y el contenido apropiado es Henry Jenkins. En su libro If it doesn't spread it's dead explica muy bien el modelo, donde son las nuevas redes (audiencias) toman el contenido y se convierten en elementos multiplicadores, generando una relación directa con quienes crean el producto.
Lo principal es que el contenido sea lo suficientemente bueno como para que los usuarios sean capaces de apropiarse de él y creerlo propio. Sobre todo porque con Internet la gama de elección es muy amplia y las audiencias tienen la posibilidad de elegir desde cualquier medio lo que quieren o no ver.
Por ese motivo el desafío más importante es cómo hacer un buen contenido para que se convierta en desparramable y, con ello, genere una comunicación e interacción con el público tanto en instancias en vivo como en los momentos de “feedback” que necesitan los programas.
Por otro lado, atraer publicidad y dinero a los nuevos negocios es un reto que los productores del contenido Web 2.0 deberán asumir. Entre otras cosas, porque al ser un ambiente tan cambiante, muy amplio la publicidad es menos fiel y difícil de conseguir. Además hay que considerar que son modelos tradicionales y es dificultoso que puedan adaptarse a nuevos sistemas, considerando que son bastante costosos y que, en ocasiones pueden significar un riesgo monetario.
Hay buenos ejemplos de contenidos bien construidos con una idea y un mensaje claro, como el show de The Colbert Report, donde el anfitrión hace llamados a las audiencias para que no sólo participen de forma directa en la creación del contenido sino que en debates a nivel nacional y propuestas de políticos. La publicidad en este caso tampoco es un problema, ya que el nivel de audiencia fiel es tal, que ya no es un riesgo invertir en este modelo.
No obstante, crear un contenido desparramable de buena calidad tiene una gran complejidad y trae consigo riesgos económicos, razón por la cual son los mayores desafíos para los productores de contenidos está en esos dos ámbitos.

Con la aparición de Internet y la web 2.0 el panorama para los medios de comunicación ha tenido un giro de 360º; la televisión, uno de los medios más importantes y con mayor audiencia de las últimas décadas no se ha quedado atrás. En este escenario de cambios, una de las formas para seguir siendo un referente comunicacional y cultural, es abarcar y tener pleno conocimiento de lo que hoy se considera el mercado significativo: Los nichos.
Anteriormente la relación entre productores de televisión y la audiencia era totalmente vertical, donde el público masivo no tenía mayor interacción con el contenido transmitido por televisión, en este caso. Hoy, como menciona Henry Jenkins, autor de Convergence Culture, esta relación es distinta; dejó de ser jerárquica e inactiva, ahora el público es parte del proceso creativo de temas y contenidos, teniendo una relación horizontal con los productores de televisión. Pero ¿Se puede satisfacer a todo el mundo con el mismo tipo de contenido?
Ahora tener millones de espectadores no es sinónimo de éxito, sino que el trabajo comienza a ser un poco más arduo en tratar de encontrar, conocer y “querer” a un grupo de personas especifico con intereses específicos, los cuales aman y defienden, esto es lo que Christopher Anderson, autor de La Economía Long Tail llama “buscar las exclusividad masiva” en los nichos (entender el funcionamiento de estas audiencias).
Acá Internet cumple una función fundamental que entrelaza lo tecnológico con lo cultural. Como expone Jenkins en su blog If it doesn’t spread it’s dead, para que un contenido sea lo suficientemente significativo e importante este debe ser “desparramable”, es decir, el usuario debe poder adueñarse de este contenido, modificarlo, personalizarlo y correr la voz a través de la web. Aquí, el trabajo de los productores de televisión es encontrar al público o nicho especifico para trabajar el contenido e incentivarlo, ya que se corren tanto riesgos como oportunidades de éxito; por un lado el contenido puede ser totalmente desvirtuado y por el otro puede causar un capital emocional tremendo, donde finalmente el público llegue a defenderlo, amarlo y difundirlo.
Con audiencias más específicas el trabajo de integrarlos y hacerlos parte puede ser un poco más demandante, pero si se estudia bien al tipo de público y sus intereses, el resultado debiese apelar a un gran capital emocional, la vanidad y el voyerismo de todos. A los fans de Harry Potter no les interesa formar causa por nuevos capítulos de los Expedientes secretos X, ni a los seguidores de Lady Gaga les interesa crear nuevos trajes para Taylor Swift.
Con esto se quiere evitar lo que alguna vez Trevor Scholz postuló como la “ilusión de la participación”; la idea no es que las audiencias se sientan utilizadas, si no que participen y hagan las cosas por ellos mismos y no sólo por los productores. Si se trabaja bien la motivación y tienen, gracias a las web 2.0, las herramientas para poder participar, es cuestión de trabajar bien la integración de estos grupos y unirse al movimiento de la web, logrando finalmente una verdadera cultura participativa donde todos ganan.

Esta plataforma comunicacional, en su versión 2.0, ha reformado directamente la Televisión, ya que los usuarios pasaron a compartir, interactuar y modificar contenido. Es por eso que ya se habla de un romance entre la TV e internet. Pero ¿Cómo lograr integrar a los consumidores a esta convergencia medial?
La clave está en relacionar tres conceptos de Henry Jenkins: la convergencia de los medios, el desparramo y la cultura participativa. Parece simple, pero poner en práctica esta teoría será un gran desafío para los productores de TV.
Frente a este nuevo panorama medial, la televisión ha tenido que someterse al mundo virtual e integrarse, ya que hay mucho interés de los consumidores en participar en los contenidos de los programas -convergencia. Por otra parte, la sociedad ha cambiado, y ahora son capaces de movilizarse y organizarse para ser parte de los temas que les acaparen su atención – cultura participativa. Es por esto que los productores de TV tienen que permitir que los consumidores participen y alteren el material, con el objetivo de desparramar su contenido.
Según el mismo Jenkins, el desparramo genera lealtad y entretención a los consumidores, claro que para lograr resultados óptimos, nuestro contenido tiene que formar un fuerte lazo emocional con nuestro público, de lo contrario nuestro producto corre el riesgo de ser reinventado de una forma inesperada.
Para disminuir esta incertidumbre, resulta primordial segmentar nuestro público en nichos y estudiarlos de forma meticulosa para saber el “¿Cómo actuarán?” Por otra parte Jenkins recomienda utilizar elementos como el humor, la nostalgia y la parodia a la hora de generar contenidos, de tal forma de enganchar con las emociones de los consumidores para que ellos sólo desparramen.
Algunos pensarán que esto resulta simple en la práctica, pero no. Teóricamente Jenkins propone ideas, pero para llevarlas a cabo en un plano exitoso, hay que tener destellos de brillantez.

Pero, ¿qué pasa con la industria televisiva? ¿Cuál es el desafío que se desprende de este nuevo contexto en el que hacer del contenido algo valioso para los consumidores, que sea capaz de movilizarlos a tal punto de lograr que se apropien del contenido y lo multipliquen, se hace indispensable?
Para partir, hay que tener en claro, y como vimos en el texto Remediation, que la TV al ser un medio, cumple con las características de la remediación. “Un medio es aquello que reinventa, es aquello que se apropia de técnicas, formas y significado social de otro medio, e intenta competir o volver a ponerlos de moda en el nombre de lo real”. O, en palabras de Jay David Bolter y Richard Grusen en el texto The future of televisión, “es el proceso en el que un medio es visto por nuestra cultura como reformador o mejorador con el otro, y en este proceso la televisión no se escapa”. Así, tal como el cine remedia a la fotografía, la que remedia a la pintura, y así sicesivamente, lo mismo ocurre con la TV, que además de ser el medio que más remedia a otros medios, ahora se está reinventando y apropiando de las técnicas de Internet para poder complementarse. Sin embargo, podemos ver que esta remediación es mucho más compleja que simplemente proveer el mismo contenido televisivo en una nueva plataforma. Como vemos en The future of televisión, “la relación entre productores de la TV de hoy y los espectadores de hoy tiene que ser diferente. El contexto en el que el proceso de comunicación sucede es diferente y la audiencia es diferente. Los espectadores ahora tienen las herramientas para interactuar con l contenido, incluso modificarlo e interactuar con otros espectadores. Los espectadores ya no son pasivos”.
Volviendo a la pregunta inicial sobre cuál es el mayor desafío que deberá enfrentar la industria televisiva en los próximos años, dentro de las más importantes será el cómo integrar a los usuarios, y cómo lograr publicidad. Si bien el cómo integrar a los usuarios es un desafío actual, que ya están viviendo los productores hoy, aún falta lograr una integración real de los consumidores, pues a pesar de que la mayoría de los programas de TV han tratado de incursionar en esta integración, hemos podido ver que no siempre se cumple a cabalidad. Muchos productores no entienden todavía que la integración va más allá de simplemente participar. Se trata de hacer parte a los consumidores, un “win/win”, en donde tanto los productores como los consumidores ganan. Y para poder llevar a cabo el win/win, los productores deben tratar al público como comunidades. No se trata de un simple público en general, sino que de comunidades. Y para poder movilizarlas, hay que saber bien qué están dispuestas a hacer. Tal como vimos en el texto “It takes a village to find a phone”, por ejemplo, en la historia los protagonistas supieron darle un valor y significado al mensaje, el cual fue capaz de llegar a la comunidad, la cual a través de su capital emocional participó y apoyó la búsqueda del teléfono, gracias a la motivación y al acceso a herramientas adecuadas.
¿Pero, qué elementos son esenciales para que haya una inclusión real? La respuesta es que no sólo se debe satisfacer el voyerismo y la vanidad, sino que hay que hacer parte a la comunidad del contenido, un contenido que debe ser altamente importante para ellos, con un alto valor. Los términos “público”, “usuarios” y “masas” hay que reemplazarlo por “red de usuarios interconectados”. Considerando lo anterior, el modelo del desparramo se hace muy efectivo, pues permite que el consumidor se apropie y pueda cambiar el contenido de acuerdo a sus propios intereses, proceso en el que también gana el medio pues su contenido es repartido y se masifica gracias al significado añadido del mensaje, el que incentiva la participación de las personas y la multiplicación del contenido. En este sentido, según Jenkins, el contenido debe ser popular y abierto, y como estrategias se debe ocupar el humor, la parodia, la búsqueda del conocimiento (inteligencia colectiva), nostalgia y el contenido no terminado.
Muchos de los elementos anteriores, están contenidos en el programa The Colbert Report, en donde han sabido desarrollar la clave, pues más que hacer que la audiencia participe, están integrando a la audiencia al proceso de crear el show en conjunto. La audiencia no es sólo espectador, sino que creador del contenido también.
Finalmente con respecto a la integración de los usuarios, es necesario entender que ya no hay más una masa de espectadores, sino que una red de consumidores que pueden agregar valor al contenido de TV, “pueden hacerlo circular, matarlo o ignorarlo” (The Future of Internet). Por los mismo, se hace urgente que los productores de TV sean capaces de crear contenido que sea valioso para los miembros de esa red, para que ellos lo puedan recibir como algo con contenido para ellos y hacerlo circular.
Otro punto que me parece relevante como desafío a futuro es el tema de la publicidad, teniendo en cuenta que en Internet el usuario tiene muchas más opciones de poder elegir saltarse la publicidad. En TV tradicional, el público está obligado a ver espacios de publicidad si quiere ver completo el programa, en cambio, en Internet, con un solo click uno puede saltarse la publicidad. Este es un punto que se debe debatir, y buscar la mejor forma para que este potente “matrimonio” sea rentable y pueda perdurar en el tiempo. Se deben pensar estrategias para que ambos modelos sean rentables. Sin embargo, si no se tienen otros puntos tan relevantes como la inclusión de los usuarios, este punto pasa a ser secundario. La inclusión, que permite que los usuarios desparramen el contenido y lo multipliquen, es lo más relevante a la hora de analizar la unión entre la TV e Internet. Pues, más que mal, aunque algunos se nieguen, actualmente los consumidores juegan un rol activo, y sus opciones determinan lo que obtiene valor.

Hoy en día existe la cultura participativa (postulada por Henry Jenkins), donde la participación de la audiencia es mucho más fuerte, que busca relacionarse de par a par con los programas, y por ende es indispensable que los productores de los show televisivos conozcan y sepan cómo llegar a su público. En el texto If it doesn’t spread it’s dead, Henry Jenkins postula lo anterior, añadiendo que se debe buscar nichos, para en ese grupo de personas con determinados gustos y características, vaya dirigido el programa, utilizando el humor, la nostalgia y la ironía como métodos de atracción de público.
En la actualidad se busca llegar a que los televidentes al ver un programa logren un “Win/Win”, o sea que gane el público y los productores del show. Me refiero a que se les entregue un contenido que la gente valore, y le tenga tal aprecio que, lleguen a hacer actos de amor por el programa. Es lo que realiza Stephen Colbert en: “The Colbert Report” un espacio televisivo, que utiliza el humor y la parodia política, para que su “Nación” como les llama el conductor, se divierta y que tome cosas “tontas” como importantes en sus vidas, y se movilicen por un fin común. Eso es un claro ejemplo de utilizar de manera efectiva la convergencia de medios de comunicación, creando una participación colectiva en la audiencia.
El contenido desparramable debe convertirse en una obligación, en los nuevos programas de televisión que busquen sobrevivir en la actualidad, para tener un éxito en los televidentes. Esto se logra, cuando este contenido es modificado por ellos mismos, y entregado de una nueva manera, sin perjudicar el producto. Esto lo logro la serie de televisión: LOST, creando un movimiento masivo en internet, con fanáticos que especulaban con su historia, hacían videos y elevaban a la serie como una obra de arte. Eso es sentir amor por el show y desparramarlo de buena manera, un contenido más bien popular y abierto, como también lo postula Jenkins.
LO que sí debemos estar crear un nuevo programa de televisión, es buscar la forma de que los usuarios (más que simples televidentes) puedan ser parte de tu show, que se sientas acogidos dentro de él, y que puedan colaborar con el productor a crear , potenciar y fortalecer el programa, porque ese es el futuro de la televisión.

