Antes, parecía ser que todo consumo estaba mediado. Ahora las cosas han cambiado, las nuevas tecnologías, amparadas por Internet, dan la posibilidad de generar experiencias nuevas y novedosas para los consumidores.
Los consumidores ahora no son los manipulados, si no, sin darse cuenta son los manipuladores.
Que la publicidad ahora sea expresiva y afectiva, con esta nueva experiencia otorgada al consumidor, más cercana y con más “poder”, posibilita que los contenidos sean de acuerdo a los gustos de ellos mismos y no impuestos por los productores desde arriba. Como habla Henry Jenkins, la cultura de la convergencia, donde productores y consumidores están en una constante conversación para definir contenidos, se aplica también en el ámbito de la publicidad, donde no basta con imponer un productor para que este sea consumido por las personas. Es necesario entregar una experiencia, aquella experiencia afectiva que logrará la apropiación de lo que signifique lo consumido.
Esta nueva forma de experimentar la publicidad, tanto para quienes la producen como para quienes la reciben, provoca que uno de estos participantes de este juego comercial corra con cierta ventaja. Quienes la entregan están expuestos a que si no generan la experiencia afectiva necesaria, lo publicitado no sea efectivo. Y quienes están para recibir los elementos potenciales a consumir, tienen en sus manos las directrices que pueden o no tomar quienes están del otro lado, los del lado de la publicidad.
Si nos damos cuenta, y a diferencia de lo que puedan decir autores como Trevor Scholz, quien tiene la idea de que la tecnología es la que se aprovecha de los consumidores, somos nosotros, lo que recibimos los productos mediáticos quienes vamos teniendo cada vez más control sobre lo que se produce y se deja de producir. Y de esta misma forma, somo nosotros quienes estamos siendo cada vez menos influenciados y cada vez más influenciadores en cuanto a la publicidad que quieren poner entre nosotros y nuetro consumo mediático. Ya las personas dejaron de ser simples receptores para pasar a ser de lleno productores de contenidos y, al parecer, creativos de agencias publicitarias.
En esta nueva etapa, la de la convergencia, el panorama mediático se está moviendo, pero quien dirige cómo y en qué direcciones ya no son los productores—ni de medios ni de publicidad—si no aquellos receptores, que antes no tenían “poder”. Internet con sus posibilidades y herramientas los dejó con las armas necesarias para poder defenderse frente a eso que tanto critica T. Scholz: que sean usados por la Web 2.0.
La inocencia ya se acabó para los consumidores. Ahora TODO está, o podría estar, en sus manos, a sólo un click de distancia.



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