Ahora menos es más

Posted by Valentina Quiroga On 11:08 AM

Con la aparición de Internet y la web 2.0 el panorama para los medios de comunicación ha tenido un giro de 360º; la televisión, uno de los medios más importantes y con mayor audiencia de las últimas décadas no se ha quedado atrás. En este escenario de cambios, una de las formas para seguir siendo un referente comunicacional y cultural, es abarcar y tener pleno conocimiento de lo que hoy se considera el mercado significativo: Los nichos.

Anteriormente la relación entre productores de televisión y la audiencia era totalmente vertical, donde el público masivo no tenía mayor interacción con el contenido transmitido por televisión, en este caso. Hoy, como menciona Henry Jenkins, autor de Convergence Culture, esta relación es distinta; dejó de ser jerárquica e inactiva, ahora el público es parte del proceso creativo de temas y contenidos, teniendo una relación horizontal con los productores de televisión. Pero ¿Se puede satisfacer a todo el mundo con el mismo tipo de contenido?

Ahora tener millones de espectadores no es sinónimo de éxito, sino que el trabajo comienza a ser un poco más arduo en tratar de encontrar, conocer y “querer” a un grupo de personas especifico con intereses específicos, los cuales aman y defienden, esto es lo que Christopher Anderson, autor de La Economía Long Tail llama “buscar las exclusividad masiva” en los nichos (entender el funcionamiento de estas audiencias).

Acá Internet cumple una función fundamental que entrelaza lo tecnológico con lo cultural. Como expone Jenkins en su blog If it doesn’t spread it’s dead, para que un contenido sea lo suficientemente significativo e importante este debe ser “desparramable”, es decir, el usuario debe poder adueñarse de este contenido, modificarlo, personalizarlo y correr la voz a través de la web. Aquí, el trabajo de los productores de televisión es encontrar al público o nicho especifico para trabajar el contenido e incentivarlo, ya que se corren tanto riesgos como oportunidades de éxito; por un lado el contenido puede ser totalmente desvirtuado y por el otro puede causar un capital emocional tremendo, donde finalmente el público llegue a defenderlo, amarlo y difundirlo.

Con audiencias más específicas el trabajo de integrarlos y hacerlos parte puede ser un poco más demandante, pero si se estudia bien al tipo de público y sus intereses, el resultado debiese apelar a un gran capital emocional, la vanidad y el voyerismo de todos. A los fans de Harry Potter no les interesa formar causa por nuevos capítulos de los Expedientes secretos X, ni a los seguidores de Lady Gaga les interesa crear nuevos trajes para Taylor Swift.

Con esto se quiere evitar lo que alguna vez Trevor Scholz postuló como la “ilusión de la participación”; la idea no es que las audiencias se sientan utilizadas, si no que participen y hagan las cosas por ellos mismos y no sólo por los productores. Si se trabaja bien la motivación y tienen, gracias a las web 2.0, las herramientas para poder participar, es cuestión de trabajar bien la integración de estos grupos y unirse al movimiento de la web, logrando finalmente una verdadera cultura participativa donde todos ganan.

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