Las cifras hablan de 1.800 millones de usuarios de Internet en el mundo. De estos, 180 millones serían de América Latina. En Chile, se cuentan aproximadamente 10.000 millones de usuarios de Internet, y se estima que esta cifra vaya en aumento en 700.000 personas cada año. Cada vez se van disminuyendo tanto los costos en los computadores tanto como la conexión a la red. En poco tiempo ya nadie estará ajeno a este servicio.
Ante este panorama, donde la Internet va creciendo y arrollando a su paso a todo aquel que no se quiera subir a su carro, aparecen posturas que enaltecen sus capacidades en la sociedad, y otras que por el contrario deslegitiman su poder con cierto desprecio sus aptitudes.
Es por esto que cabe hacer una pequeña revisión del panorama a través de dos conocedores del tema y con dos posturas diametralmente opuestas. Por el lado de los entusiastas de la Internet encontramos a Henry Jenkins, periodistas y cineasta con estudios de televisión, y por el lado de los escépticos a Trebor Scholz, docente y estudioso de lo media y su impacto.
Al ponernos desde la vereda de Jenkins (los entusiastas de Internet) veremos que gracias a la tecnología y herramientas que nos ofrece la web 2.0 las audiencias están posicionadas en un nivel horizontal con los medios, habiendo abandonado la tradicional jerarquía donde sólo recibían sin la opción a la comunicación directa de forma bidireccional. A esta conversación paralela entre medios y audiencia Jenkins la llamó “convergencia”, una características nueva solo dada por la capacidad que entrega la actual Internet.
Pero, para seguir entendiendo el panorama medial en el que estamos, debemos pararnos también desde la vereda de Scholz (desde los escépticos de Internet), quien ve a la web 2.0 como una mentira, como la ilusión de la participación. Para él, la idea de “convergencia” de Jenkins no sería tal, no existiría una conversación y esta falsa situación sólo sería con el fin de “los grandes” que ganarían con nuestra participación en esta ficción.
Ahora, si en vez de pararnos en alguna de las veredas nos paramos en la mitad de la calle, se ve más en relación con la realidad la vereda de Henry Jenkis, donde las posibilidades que nos da la Internet, más allá de las razones por las cuales lo haga, nos dan la posibilidad de instalarnos no abajo de quienes nos proporcionan contenido, si no al lado. Nos deja en posición de par, teniendo en nuestras manos (y de nosotros depende si hacer o no hacer) la opción de ser, además de receptores de contenido, generadores de éste.
La conversación entre medias y audiencias, aquella “convergencia” de la que Jenkins nos habla, nos da grandes posibilidades. Y tal vez Scholz no está equivocado, tal vez sí los grandes detrás de esta gran máquina no nos otorgan esta posibilidad de participación por el interés de incluir a la sociedad de forma altruista y desinteresada. Pero esto poco importa en la medida en que el provecho que nosotros podamos sacarle a esto sea mayor y más determinante en nuestras vivencias de lo que nos puede afectar el interés de quienes quieren ganar con esto. Si logramos inclinar el costo-beneficio a nuestro favor, no hay de qué temer.
Ahora, el desafío es poder sacar provecho de todas estas posibilidades. Optimizar tanto las herramientas que tenemos a nuestro alcance como nuestra forma de utilizarlas. Y es aquí donde el desafío está en las manos de quien está en medio de la calle y no desde una vereda u otra.



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