Hoy en día el desafío de los productores de televisión va mucho más allá de entregar contenidos e información a los espectadores.
En el paradigma en el cual estamos sumergidos (era de la convergencia), donde prevalece la relación horizontal entre creadores de contenidos y público, es fundamental repensar las estrategias que se deben utilizar a la hora de comunicarse con la audiencia.
Es por eso, que el desafío más grande que tienen las compañías de televisión es estudiar y conocer a las comunidades, a tal punto, de lograr generar contenidos significativos para el usuario, que tengan un valor agregado.
Así como la televisión remedió elementos de la pintura, el teatro, el cine y los diarios para llegar a convertirse en el medio de comunicación más importante durante años, actualmente esta plataforma está siendo remediada por un nuevo y potente actor: el Internet y la web 2.0.
Tal como se menciona en el texto “The future of Television”, los nuevos y los viejos medios se unieron para crear uno nuevo a través de la lógica de la dialéctica de la remediación. Este nuevo escenario implica un cambio en las audiencias y en el contexto donde suceden los procesos comunicativos, dando paso a espectadores activos, que interactúan entre ellos y modifican los contenidos.
Lo que antes era considerado una masa de espectadores, hoy se conoce como una red interconectada de consumidores que puede agregar valor a los contenidos de televisión, garantizándoles el éxito o el fracaso. Como el público es cada vez más objetivo y tiene acceso a mucha oferta, es necesario entregar mensajes significativos. Los productores deben conocer lo que piensa una determinada comunidad, qué los incentiva, qué los motiva, etc., para así crear contenidos valiosos para los miembros de la red. Si son capaces de generar productos pensados en ellos y que tengan la facultad de ser distribuidos y modificados (contenidos desparramables), el éxito está garantizado. Al tratar al público como una comunidad que conocen, se generará una relación estrecha entre ambos y los usuarios difundirán la información en vez de ser portadores pasivos de medios de comunicación.
Como dice Henry Jenkins, algunas estrategias utilizadas con éxito para captar la atención de los espectadores y entregar contenidos significativos son la nostalgia, la parodia y el humor.
Aunque la cantidad de productores que entienden estos elementos aún son pocos, cabe destacar el caso del programa de televisión estadounidense “The Colbert Report”, el cual ha sabido integrar exitosamente a su audiencia. En este show el público no cumple el rol meramente de espectador, sino que a su vez crea contenidos, participa de diferentes desafíos impuestos por el conductor Stephen Colbert y se siente parte de un programa construido en conjunto. Por ejemplo, luego de que el animador incentivara a su público (nación como los llama) a votar para que un puente en Hungría llevara su nombre, consiguió recaudar 17 millones de votos. Otro caso similar a éste, fue cuando a través de votación popular logró que su nombre obtuviera el primer lugar para bautizar a una nave espacial de la Nasa.
El éxito de este programa se debe a que fue pensado para la televisión moderna. El conductor ha sido capaz de crear una comunidad alrededor de él y lograr que los fans se movilicen por amor. Además, utiliza la estrategia del humor y la parodia capítulo tras capítulo, generando contenido significativo para la audiencia.
Todo lo mencionado anteriormente, se inserta en la cultura del regalo, donde la idea del comoditie (entregar contenido medible en retribuciones económicas) es desplazada por la idea de generar mensajes valiosos para distintos nichos. Así, el público recibe los contenidos a modo de regalo y se los apropia, los modifica y comparte. En consecuencia, los productos producidos por las compañías de medios traspasan comunidades.
Si los programas de televisión logran hacer de su público un fanático, entregándoles mensajes que contengan capital emocional (significado valioso) se cumplirá el objetivo de acercarse a las comunidades y generar contenidos desparramables. Tal como menciona Henry Jenkins, la cultura no ocurre sola, es una creación que ocurre entre todos.



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