No hay duda. Hoy en día existe un sinnúmero de herramientas o plataformas que nos ayudan a compartir información de forma masiva e instantánea. Imposible es no otorgarle la responsabilidad a la ya conocida Web 2.0, quien fue la encargada de generar esta cultura participativa que engloba al mundo cibernético.
Precisamente gracias a este nuevo paradigma comunicacional es que cabe generar una diferenciación, en lo que refiere a la generación de contenidos hacia los usuarios. Se trata de lo viral v/s lo desparramable, conceptos que Henry Jenkins, en su texto “If it doesn´t Spreads, it´s dead”, explica de forma clara.
Para entender mejor lo que Jenkins trata de decir con ambos conceptos, pondré el siguiente video como ejemplo.
Quizás este video te hizo recordar al famoso “Edgar se cae”. Sí, aquel niño mexicano que con sus inconfundibles gritos le pedía a su amigo que no lo dejara caer al canal de agua. Pero bueno ¿Qué pasó con el video original? La respuesta está clara. Fue víctima del desparramo
El contenido viral sería el video auténtico de Edgar, es decir, aquella secuencia que no sufrió edición alguna por parte de los miles de usuarios que vieron la caída de este joven. Y claro, lo viral estaría en el proceso de masificación que obtuvo el producto a la hora de ser subido a una plataforma como Youtube.com.
Por el contrario, este video sufrió una alteración notable por parte de los consumidores, de forma de agregarle valor al ya connotado video. En este caso la gente le agregó humor parodiando al notable juego de los 90`, Street Fighter, lo cual resultó un éxito e hizo que otras personas se motiven a realizar nuevas versiones con el afán de popularizar aún más al personaje en cuestión. Desparramable por donde se le mire.
Hoy esta nueva forma de entregar contenido – lo desparramable – está siendo adoptada por las grandes empresas para generar un nuevo tipo de marketing más participativo. Sin duda que es una forma más eficiente de publicitar algún elemento, ya que los usuarios generan cierto compromiso y lazo con el contenido, involucrando finalmente el “capital emocional”. Eso si, hay que tener cuidado, puesto que si no se maneja bien esta herramienta, los consumidores pueden generar un nuevo material que podría perjudicar directamente la reputación del producto. La clave es establecer límites al usuario sin que éste lo note.
Vilensko Koscina



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