Es aquí donde entra Jenkins, autor del libro If it doesn't spread it's dead, quién plantea que el contenido que es “subido” a Internet debe funcionar bajo un sistema desparramable, en donde el usuario se apropie de ciertos contenidos, lo transforme, le agregue algún valor agregado y luego lo vuelva a mandar. Pero ¿basta sólo con la intervención para que sea desparramable? No. El autor plantea que el contenido debe ser popular, lo que hoy gracias a los cientos de nichos que existen es algo fácil de cumplir. Además, el contenido debe ser abierto, capaz de sufrir transformaciones como fue explicado recientemente.
Bajo estas explicaciones es que, si hoy tuviera en frente a algún productor de un medio, le recomendaría completamente crear contenido desparramable, ya que entre tanta oferta que es posible de encontrar en el mercado, es este el modo para que usuarios generen cierto compromiso y lazo con el contenido, ya que su “capital emocional” estaría involucrado, produciendo varios efectos que finalmente terminarían siendo convenientes para los productores, tales como que el producto se torne valioso para los usuarios, que éstos estén motivados para promocionar el contenido con sus pares y así alcanzar nichos que antes no habían logrado ser alcanzados. Finalmente, creo que consigue su mayor logro: hacer sentir a la audiencia parte del éxito del producto y así generar las ganas para que continúen con ese producto o contenido.
Un ejemplo de contenido desparramable son las diferentes parodias que se pueden encontrar en YouTube sobre la película de Hitler “



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