El desafío del fan fiction

Posted by Michelle Berstein On 7:45 PM


A menudo abreviado como fanfic, el fan fiction se refiere a los relatos de ficción escritos por fans de una película, un programa de televisión, una serie, una novela, o cualquier obra literaria o dramática. Son relatos que se basan en la historia original contada por los autores, en donde los fan agregan nuevos relatos pero que no parten de la nada, sino que utilizan los personajes, las situaciones y ambientes descritos en la historia original. Los fans desarrollan nuevos elementos y papeles para los personajes originales. El fan fiction se desarrolla cuando hay un elemento cultural, ya sea una película, un libro, etc. que es lo suficientemente reconocido como para tomarlo y hacer ficción con él. Es una actividad amateur, pues es puro amor por parte de los fan por algo. Pero ustedes se preguntarán, ¿por qué el fan fiction se ha hecho tan popular? Las respuestas quizás tienen que ver por el abaratamiento de los costos de impresión, y sobre todo por la aparición y expansión de Internet, el que supuso un gran avance para los fan fiction.

Mi tesis aquí, luego de haber leído el texto “culture” de Henry Jenkins, en especial el capítulo “Why Heather can write”, después de haber escuchado la experiencia de Francisca Solar, licenciada en periodismo y conocida por su publicación en Internet “El ocaso de los altos elfos” (adaptación personal de las aventuras de Harry Potter), es que el fan fiction es un desafío para los productores de las obras originales. Es un desafío que si se sabe aprovechar bien, no debería traer problemas para los autores, sino más bien debería ser bien acogido y tomado como una oportunidad de que las obras se expandan y los fan se sientan aún más comprometidos con las obras originales.
Uno de los principales desafíos del fan fiction es hacer que los fan no desvirtúen demasiado al personaje original, por ejemplo con pornografía, que como vimos en clases es algo que puede ocurrir. Representaciones del personaje que echen a perder su imagen, cambiarlo con un estilo de vida negativo, etc. Son cosas que se espera poder controlar. ¿Pero cómo puede hacer el autor para controlar y mantener la cultura de los fan dentro de un cierto límite? La respuesta es la fidelización. Al fidelizar a los fan, hacer que sientan amor por el personaje, que lo quieran tanto que no se les pueda pasar por la cabeza hacer algo malo con él. Por otro lado, también hay que tener en cuenta que en toda esta nueva cultura participativa, tenemos que ser capaces de crear un contenido base para que los fans partan de eso, y no se transforme en cualquier cosa. El desafío es cómo incorporar lo que dice el público en este nuevo modelo en el que estamos, y la respuesta es a través de la fidelización y a través del otorgamiento de ciertos lineamientos, como un contenido base.

Es importante recalcar que si bien el fan fiction no es nuevo, pues la idea de retomar la creación de una obra ajena, los personajes, los temas principales, y seguir desarrollando más allá de la obra original es algo antiguo, como pasó con la literatura clásica con las sagas basadas en la Odisea y la Iliada por ejemplo, más bien es un fenómeno propio del siglo XX. Si bien el Quijote, Alicia en el país de las maravillas, y Sherlock Holmes son ejemplos de obras que tuvieron continuaciones anónimas, se diferencian del fan fiction en que eran continuaciones de las obras que hacían autores con pretensiones económicas y/o artísticas. El fan fiction en cambio son historias breves escritas por un fan y no por un escritor profesional. Los primeros fan fiction fueron por “viaje a las estrellas”.

Por otro lado, también es importante recalcar que el fan fiction se enmarca dentro de los tres conceptos principales que Jenkins menciona en el texto “Culture”; convergencia de la media, cultura participativa, e inteligencia colectiva. El fan fiction es parte de la convergencia pues trata de la circulación de contenido de medios entre diferentes sistemas de medios, entendiendo este fenómeno como un cambio cultural (cultural sin importar el aparato tecnológico por el cual se mueve la información) Por otra parte, las audiencias se comportan ya no como simples espectadores y consumidores pasivos, sino que se transforman en participantes que interactúan y que son capaces de transformar una obra original y echar a correr su imaginación, se transforman en creadores de contenido, lo que llamamos cultura participativa. Finalmente, se da también el concepto de inteligencia colectiva, que trata de que ninguno de nosotros sabe todo, cada uno sabe algo, por lo que si juntamos nuestros conocimientos, combinamos nuestras habilidades y recursos, llegamos a la inteligencia colectiva, lo que tiene relación con el nuevo consumo de los medios, el que se desarrolla como un proceso colectivo.

Como vimos en el texto “Why Heather can write”, el término “participación” genera términos encontrados; los medios corporativos reconocen la amenaza y el valor que representa la participación de los fans. Se habla del “capital emocional” para referirse a la importancia de la participación del público en los contenidos mediáticos. Por un lado las corporaciones tratan de manejar la participación, canalizarla y mercantilizarla, mientras que por otro lado cada vez hay mayores creadores populares y las ganas de participar y ser consumidores y a la vez productores aumentan por parte del público. Los consumidores ven como un derecho el poder participar y ser parte del proceso de creación, mientras que los productores y grandes firmas tratan de acomodar esta participación y mantenerla controlada. Todo esto, queda de manifiesto con el ejemplo de las historias de Harry Potter de J.K.Rowling, en donde los fans del libro lucharon por poder participar de las obras, e hicieron lo que llamaron las “guerras de Potter”, en donde la Warner Bros trató de frenar la apropiación de los libros de Potter por parte de los fans, por el problema de la propiedad intelectual. Según los fans, se trataba de pedagogía informal nacida en el seno de las comunidades de fans de Harry Potter. Se trató de Heather Lawver, quien a los 13 años leyó por primera vez Harry Potter y la piedra filosofal, y que menos de un año después, presentó The Daily Prophet, un periódico escolar para un Hogwarts de ficción. Niños de todo el mundo comenzaron a colaborar, y Heather se convirtió en la editora jefe. Fue, según ella un proyecto con fines totalmente pedagógicos, que utilizaba para ayudar a los padres a entender la participación de sus hijos. Todo con el fin de dar vida al mundo de la literatura. En sus propias palabras “Al crear un periódico virtual la mente se abre a la exploración de los libros, buceando en los personajes, y analizando la buena literatura”.

El ejemplo anterior es sin duda la muestra de las complejas luchas de intereses, que generan ansiedades y no hay parámetros bien establecidos de cómo manejarlos. Sin embargo, reafirmo mi tesis, creo que la cultura participativa, y más específicamente los fan fiction, deben ser tomados como un desafío, en el cual ambas partes se benefician; por un lado los productores pues mantienen un grupo de fans fijos, y éstos también se benefician pues por amor propio al producto o al elemento cultural, pueden ser parte de la creación y sentirse parte del proceso. El desafío está en cómo mantener un equilibrio, en donde el elemento cultural no atraviese cambios perjudiciales, y también que se logre respetar el derecho a participar de los fans. Y este desafío requiere por parte de los fans amor (en este caso a Harry Potter por ejemplo), y de técnicas de fidelización por parte de los productores. No creo de ninguna manera que la solución sea tratar de evitar la participación de los fans, pues sería desaprovechar una gran oportunidad, sino más bien la idea tiene que ser enfocar los esfuerzos en reorientar la participación, haciendo que ambos lados ganen. Un ejemplo bueno de esto, es lo que hizo la serie Lost al invitar a los fans a inventar el final. La serie se preocupó de incluir a los fans, y resultó algo positivo que benefició a ambas partes, tanto a los productores de la serie como a los fans. Hay que, sin duda, hacer que la participación corra en paralelo con el contenido, incluir a los fans y aprovechar el capital emocional que ellos tienen con el producto para que ambos lados se sientan cómodos en la nueva cultura de la participación.

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