Al leer los textos tanto de Henry Jenkins como de Trevor Scholz, llegué a la tesis de que Internet se ha vuelto dos cosas a la vez: por un lado un espacio para colaborar y crear nuevo conocimiento, y por el otro, el trabajo de los usuarios convertido en mano de obra gratuita para grandes empresas. Para poder entender cómo llegué a esta conclusión, es importante conocer las teorías de cada autor por separado.
“En el mundo de la convergencia de la media, cada historia importante se cuenta, cada marca se vende y cada consumidor llega a relacionarse con las múltiples plataformas de la media” (Henry Jenkins)
El autor de la cita, en el texto “culture”, nos habla del impacto de la convergencia en la cultura popular. Habla de los cambios continuos, de cómo la convergencia está reorganizando la cultura popular, y en particular, las formas en que ésta impacta la relación entre las audiencias de los medios, los productores y el contenido.
Según sus propias palabras, el propósito del libro es “ayudar a la gente a comprender cómo la convergencia está impactando a los medios que ellos consumen y, al mismo tiempo, ayudar a líderes de la industria y fabricantes de políticas a comprender las perspectivas del consumidor en estos cambios".
Pero claro, primero hay que aclarar los tres conceptos principales que toca Jenkins en el libro: convergencia de la media, Cultura participativa, e inteligencia colectiva. Al hablar de convergencia, trata de la circulación de contenido de medios entre diferentes sistemas de medios, entendiendo este fenómeno como un cambio cultural, sin importar el aparato tecnológico por el cual se mueva la información. Las audiencias ya no son simples espectadores y consumidores pasivos, sino que se han transformado en participantes que interactúan, y que incluso afectan en funcionamiento del medio al ser creadores de contenido, lo que llamamos cultura participativa.
Finalmente, el concepto de inteligencia colectiva, Jenkins lo toma de Pierre Levy, y trata de que ninguno de nosotros sabe todo, cada uno sabe algo. Si juntamos nuestros conocimientos, combinamos nuestras habilidades y recursos, llegamos a la inteligencia colectiva. Y esto tiene relación con que el consumo de los medios ahora es un proceso colectivo.
Con respecto a Jenkins, estoy de acuerdo con que los medios están cambiando constantemente, y que ese cambio tiene que ver con la socialización de las personas a través de ellos. También creo que el tema no tiene que ver con el aparato tecnológico (no importa si vemos las noticias a través del celular, del computador, pues las tecnologías van cambiando rápidamente) Lo importante es el cambio cultural, el que habla de consumidores mucho más activos que antes y creadores de su propio contenido. Sin embargo, también creo que a pesar de que haya una mayor posibilidad de participar, hay muchas diferencias de acceso a las tecnologías que creo que podrían ir en aumento; no todos realmente pueden participar, y finalmente las opiniones de algunos que participan inevitablemente pesan más que otras. Lo que es cierto, es que hoy cada vez más los dueños de los grandes medios tratan de luchar por conquistar a los consumidores en medio de un escenario que cambia constantemente, mientras se van desarrollando nuevas formas en que los consumidores sociabilizan y van adquiriendo mayor fuerza. Los intereses de los consumidores y de las empresas de medios se cruzan, cada uno buscando sacar el mejor provecho. Finalmente, es esencial que los dueños de medios se den cuenta que la tecnología si bien es importante, lo que de verdad importa es cómo hacer que esta nueva cultura en que “todos” pueden participar sea recogida como una oportunidad y la sepan aprovechar los medios. Así tanto la audiencia como los medios se beneficiarán.
“A la gente le gusta estar donde hay otras personas” (Trevor Scholz)
Por otro lado, está Trevor Scholz, quien postula que la participación es un mito. La web 2.0 sería una mentira, una ilusión, un “aprovechamiento” del capital, no una participación real. La web 2.0, según el autor, ha hecho que las empresas logren beneficiarse de la producción social en red, de la participación en línea de los aficionados, las culturas de fan, redes sociales, e inteligencia colectiva. Él define la “ideología de la web 2.0” como un dispositivo de formulación de las elites profesionales que definen lo que entra en el discurso público sobre el impacto de Internet en la sociedad. Además, para Scholz, el concepto de la web 2.0 creó un nuevo entusiasmo por la web construido sobre falsas premisas, como lo es la novedad de sus componentes.
Finalmente, puedo decir que estoy de acuerdo con ambos autores en ciertos aspectos, pero no concuerdo completamente con ninguno. Para qué engañarnos, ambos lados se benefician, y muchas veces aunque nosotros mismos conozcamos los intereses “oscuros” de las empresas, de todas formas los aceptamos. Creo que a veces somos un poco hipócritas y reclamamos cómodos desde nuestro asiento. Sin embargo, si realmente quisiéramos tener el control de nuestro “conocimiento colectivo”, sabemos que los usuarios comunes y corrientes, que no responden a intereses de grandes empresas, son mucho más numerosos que los empresarios, y que si nosotros dejáramos de ser “mano de obra gratuita”, es decir, de generar el contenido del que las empresas se valen, éstas no podrían cumplir con su propósito. Nosotros los usuarios tenemos más poder del que ejercemos, sólo que estamos más cómodos con los beneficios que recibimos. Si realmente quisiéramos, podríamos, por ejemplo, movilizarnos y generar nuevas condiciones que sean más favorables para nosotros al momento de participar en la Web. Sin embargo, como mencioné anteriormente, en general a las personas no les molesta, pues están conformes con los beneficios que la participación en línea les entrega, y a eso me sumo yo también. Aunque, obviamente, no se puede excluir el hecho de que muchas personas no conocen realmente los intereses de las empresas, o quizás sólo los intuyen.
Creo que es nuestra responsabilidad el informarnos y poner nuestros propios límites, los cuales son decisión de cada uno. Tal como hay algunos que en su perfil de Facebook ponen la mayor cantidad de información personal, hay otros que sólo ponen su nombre y que tratan de mantener reservados otros datos personales.
Con intereses detrás o no por parte de las empresas, la gente participa igual. Y todo esto tiene que ver porque, como aparece mencionado en el texto de Scholz, “a la gente le gusta estar donde hay otras personas”. Me pongo como ejemplo a mí incluso, que al principio era reacia a hacerme una cuenta de Facebook. Sin embargo, cuando empecé a ver que mis cercanos se hacían, y comencé a percibir los beneficios que tenía sumarme a esta comunidad online (como estar en contacto constante con amigos, poder ver fotos de mi hermana que vive fuera de Chile, encontrarme con gente que no veía hace tiempo, etc) sentí ganas de crearme uno, y me ha sido muy útil dentro de los aspectos que mencioné. Podría vivir sin Facebook perfectamente, sin embargo, me es bastante útil tenerlo pues los demás lo usan. Claramente, si nadie de mi entorno lo ocupara, perdería valor para mí.
Concuerdo con la frase que sale en el texto de Scholz que dice “el contrato social entre el usuario y el dueño de la plataforma está marcado por una falta de transparencia como de privacidad con “acuerdos” con letra chica”. Porque, claramente, ninguna empresa va a exponer sus condiciones de uso en letra mayúscula para dejar al descubierto sus verdaderas intenciones. Sin embargo, también creo que es responsabilidad nuestra el revisarlas, y entender bien qué estamos ocupando.
No podemos culpar, por ejemplo, a un banco porque nos suba la tasa de interés de un préstamo cada cierto tiempo, si nosotros fuimos los que no leímos bien el contrato y lo firmamos. No sólo en Internet se da “la letra chica”, por lo que somos nosotros mismos los que tenemos que estar atentos.
Para concluir, sostengo que no hay “usuarios como simples ilusos”, y tampoco “empresas maquiavélicas”, cada uno (tanto usuarios como empresas) busca sus propios beneficios, aunque claro, los empresarios lo hacen a costa de los usuarios. Sin embargo, creo que la mejor solución es tener un claro entendimiento del discurso de lo que llama Scholz como “ideología de la Web 2.0”, así podemos participar como usuarios pero teniendo en cuenta los intereses de los empresarios, y tomando las precauciones pertinentes.



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